¡¡¡Desafío Superado!!! Homenaje a Miguel Pruaño

Hace apenas año y medio, los deportistas roteños tuvimos que vivir un triste día que para perdurará en nuestra memoria. Todos recordamos que hacíamos justo en el momento de recibir la dolorosa noticia. Ese día, un ciclista de nuestra localidad perdía la vida tras ser vilmente atropellado por un conductor que ni tan siquiera tuvo a bien detener su vehículo para prestarle el necesario auxilio.

El tiempo pasa, implacable, devorando penas y dolores, pero las buenas gentes y sus recuerdos son para siempre y es objetivo de todos que casos como este no caigan en el olvido, para que nunca más vuelvan a producirse. En esta ocasión, El Parque Natural de Doñana fue el elegido para rendir un nuevo homenaje a nuestro amigo, a nuestro compañero, a nuestro hermano. Este paraje sin igual, hábitat natural del lince andaluz, conoce en primera persona la tristeza de los atropellos. Sirva esta metáfora para, en clave felina, rendir un nuevo homenaje y tributo a la siempre presente memoria de Miguel Pruaño.

Doñana, tierra elegida por la mítica Atlántida para ubicarse (no seré yo el que contradiga a Platón), robada al pueblo andaluz por el Ducado de Medina Sidonia y esquilmada en su día por señoritos andaluces y cazadores sin alma, se ha convertido ahora en un referente natural a escala internacional. Por ello, y conscientes de la importancia de seguir potenciando la marca Andalucía, ese trocito de la mítica Al Andalus iba a recoger una nueva edición, y ya van siete, de su Desafío, provocando que felinos de todos los rincones de nuestra tierra se reúnan en las cercanías de Bajo Guía para, un año más, volver a demostrar la fortaleza de sus patas, lo afilazo de sus garras y la mejora en todas y cada una de cuantas habilidades felinas se precisan para tan incomparable reto. No puedo cerrar este párrafo sin rendir merecido homenaje al más experimentado de los “Gatos” o Gatones, ya que Antonio, líder de la manada hermana, puede presumir de haber cruzado las siete líneas de meta.

La celebración del conclave la conocía de oídas y, tras hablarlo con el resto del Clan y, como no puede ser de otro modo, contando con la aprobación de mama Gata y del mayor de mis cachorros, decidimos hacer nuestro el Desafío. Tocaba pues reclutar un equipo felino de garantía. Necesitamos un ciclista!! Entre los gatos de mi casa, pensad en ciclismo es hacerlo en linces, en pruaños y, concretamente, en el gran Salva. No dudó un segundo en unirse a la aventura junto con el resto de su deportiva familia de linces. Era la hora de reclutar nadador. Los felinos y el agua nos llevamos regular por lo que tocaba apuntar a lo más alto de los eslabones de la cadena trófica y, sondeando el olímpico cielo de los ironman, hacernos con los servicios del gran León Caballero que, ante la posibilidad de poder formar parte de esta odisea, rápidamente mostró su voluntad de poner al servicio del grupo el poderío de su, en otro tiempo, mítica “melena (o coleta) leónida”. El equipo está hecho, TODOS SOMOS MIGUEL PRUAÑO estaba ya inscrito a tan magnífico evento.
Y así llegaba el viernes y la hora de recoger los dorsales. Muchas la caras conocidas en el Polideportivo de Sanlúcar, muchos los amigos y muchos los nervios que se empezaban a reunir en nuestros felinos estómagos. Hasta se nos hizo entrega de un trofeo que de esta forma deja de estar anotado en el debe de la contabilidad gatona. Gran sorpresa al encontrarnos allí con Paco que, aunque ya comentó en su día que estaba inscrito, unos problemas musculares nos hicieron dudar de su participación en esta reunión de garras y maullidos.
Pues al lío!!!! Que ya es sábado y casi sin darnos cuentas ya estamos en Bajo Guía. Las camisetas rojas de nuestro equipo se ven por todas partes, no solo entre los integrantes del equipo y nuestras familias, sino incluso entre otros deportistas (gracias Dani). Salva ya ocupa su puesto bajo el arco de salida, el reloj clava las diez de la mañana y nuestro lince comienza a pedalear para, durante un centenar de kilómetros, derramar su esfuerzo por los pueblos del Bajo Guadalquivir. Espero que no se nos enfade cuando se entere que mientras que el pedaleaba nosotros disfrutábamos de cuantos alimentos se ponían a nuestro alcance en la terraza del Club Náutico donde, por cierto, los más peques de la expedición dieron toda una lección de activismo. Me acabo de acordar que para, lección la que nos dio la nadadora aquella verdad Javi? Ajú que tipa, no sé qué clase de felino sería pero si hay que apostar, apostaría por que era una gata de Angola, que forma de querer demostrar conocimiento, jajajaja.

Con el estómago lleno de palmeritas, bizcochitos y pastitas de chocolate tocaba remangarse y bajar a la arena de la playa. Llegaba ahora uno de los peores momentos ya que, la herida del talón, me hacía afrontar con incertidumbre una importante decisión: ¿qué zapatilla me pongo? ¿Las que no me duelen que son más lentillas o las más rápidas que me hicieron la rozadura?. Caro: ponte las que no te duelen. Petra: las primeras. Javi: las lentillas…Manuel: me pongo una tirita y un algodón de desmaquillar de esos y listo, es que con estas corro más, jajajaja.

Aunque a mí me coge ya al otro lado del Guadalquivir, nuestro lince completa su hazaña en apenas 2h 13´ y, como si de un rayo se tratara, el león ya corre por la azul pradera hacia el gran río. Brazada a brazada alcanza por primera vez la otra orilla, donde puedo animarle a seguir peleando, vamos Javi. Aún tiene que llegar a Sanlúcar y volver mientras que yo aprovecho para empezar a calentar. En las mientras llega nuevamente la barcaza y en ella nuestras familias, justo para darme el ánimo y el aliento sin el cual, afrontar los 30 km de arena, sería imposible.

El león sale del agua y, tras 46 minutos de duras brazadas, muchas de ellas contracorriente, llevamos a cabo el relevo del tobillero chip y puedo empezar a correr y es que ya, cuando el reloj solar marcaba las 13.30 horas, las ganas de comenzar a adelantar a gente ya me podían. Pues a correr se ha dicho!!!! Recordando los consejos de los más sabios del lugar y, consciente de que el año anterior el vencedor completo la prueba a un ritmo de 4´el km, decido clavar dicho ritmo en la pantalla de mi Garmin. Este Gato Gatón comienza a hacer de las suyas y 3,56 a 3,56 va devorando metros, contando a cuantos atletas y triatletas adelanta en cada kilómetro para que, entretenido, su felina cabeza se olvide de la herida de su pata trasera.

Perfectos los avituallamientos, apenas cada 2,5 km, a excepción de que en el 15, mitad de carrera y lugar señalado para ingerir la gatuna glucosa, no había!!! No pasa nada, la boca pastosa hasta el 17,5 pero, por otro lado, otros dos kilómetros y medio que me quito. Ya estaba bien de controlar el paso, que ya vamos de vuelta y toda la energía con la que lleguemos a meta no va a valer para nada (bueno para continuar bregando con Manuel y Alejandro sí). Los segundos 15 kilómetros son mucho más rápidos, a 3,48 e incluso clavando tres veces el 3.43 en los tres miles finales. A 300 metros de meta me doy cuenta que llevo la zapatilla suelta y los cordones al aire. ¿Me paro un segundo y me los pongo o aprieto el paso y adelanto al que va ahí delante? Venga chaval ánimo que ya estamos ahí, al pasar por su lado. Llegada a meta en 1 hora y 56 minutos para, en compañía de mis dos amigos, marcar un 4h56´que nos colocaban en el séptimo puesto de la clasificación general por equipos y quintos de la categoría.

No se me puede pasar por alto que el gran Paco transitaba por el avituallamiento del km 5 cuando me crucé de vuelta con él. Vamos Paco, que lo tuyo no tiene nombre, ánimo. Esta fiera, cual si de una pantera se tratara, logra completar, en 7h 28´, de forma individual el Desafío, poniendo en lo más alto el nombre del Club y colaborando en continuar agrandando nuestra historia con un reto de los que suele afrontar el gran Lobo Barroso (perdón, que los canes no tienen cabida en esta felina historia, jajaja).

Tocaba ahora disfrutar de lo conseguido, recordad cada gota de sudor derramada y dar buena cuenta del almuerzo que la organización nos tenía preparado en una amplia zona de descanso. Qué verdad es Salva que lo de acompañante es un poco extraño si ellos almuerzan en otro lado, jajajaja, alguna cosita tiene que mejorar la organización, está claro.

De vuelta a nuestra fenicia Villa con los deberes hechos, con una bonita medalla de la que sentirme orgulloso al cuello de mi Manuel y pensando ya en los siguientes “desafíos” que, dicho sea de paso, no se harán mucho de esperar.

PD1: me quedo sin palabras con las que poder continuar agradeciendo el esfuerzo que mi familia hace por mí cada fin de semana. Sin ustedes este sueño del atletismo no sería posible y, especialmente sin ti Caro, auténtica piedra angular de esta parte del Clan Gatón-Béjar. Cada primera zancada de una carrera pienso en que estas esperándome en el arco de meta y, como aquel día de octubre, vuelvo a estar “loquito por verte a mi vera…”

PD2: No se puede estar más orgulloso que yo de mis compañeros de aventura. Salva, un lince analizando las cualidades de cada uno de sus rivales. Mi hermano te hizo amigo suyo para siempre y, con ello, unió a los Pruaños con los Gatones. Gracias por cada una de tus pedaladas. Javi, a ti te tocaba la parte más dura y diste un ejemplo de cómo un león puede salir victorioso en una pelea naval. Con cada una de tus brazadas me demostraste como tu grado de compromiso con esta aventura no tiene parangón.

PD3: En lo individual, muy contento con mi aportación al grupo ya que, siguiendo los consejos de Fabián (corre en línea recta!!!) completé las tres decenas de kilómetros de arena mucho más cómodo de lo esperado y logrando que, solo el vencedor absoluto individual (ese chavalito es que es campeón del mundo de duatlón y ya me ganó hace un par de años en San Juan; te la tengo jurada, jajajaja) y el corredor del equipo primer clasificado (este ya con una marca mucho más de esta tierra) lograran completar el tramo mejorando mi tiempo.

PD4: El mayor de los logros fue, sin duda, el ayudar a mantener viva la memoria de nuestro compañero, de nuestro amigo, de nuestro hermano ya que, el maullido, el rugido, o como quiera llamarse el sonido emitido por los linces, sonó alto y claro en el asfalto del Bajo Guadalquivir, en sus fluviales aguas y en las rubias arenas de su orilla: ahora y siempre, TODOS SOMOS MIGUEL PRUAÑO."

Gran crónica de Manuel, como siempre, y... ¡¡¡DESAFIO SUPERADO!!!...

Dar la enhorabuena tambien a todos los roteños que tomaron salida en la prueba.