26 de Septiembre de 2020

El "DESAFÍO 2019" ya es historia (2019)

Eugenio Moreno Reyes

Mi segundo triatlón, y los dos en Doñana (bruto que es uno). En 2017 me encantó la experiencia; sufrí bastante. En 2019 lo he disfrutado de principio a fin, rebajando el tiempo de hace dos años. 5 horas 57 minutos 32 segundos de calvario, mezclado con placer. El placer de la agonía, extraña mezcla que solo el deportista de resistencia puede lograr entender (que no explicar). A dos semanas de intentar el reto del Ironman (bruto al cuadrado) el objetivo era claro: utilizar esta prueba como un buen entreno de calidad, tratando de hacer bien las tres disciplinas, pero sin correr excesivos riesgos (sobre todo en la bici; como siempre han habido caídas que he podido librar). Además, las transiciones me las he tomado con muchísima calma; decidí incluso cambiarme de ropa y utilizar material específico para cada sector.

Los 100 km de bici han sido complejos. Esos 40,3 km/h de velocidad media que me han salido son una muestra de ello. Latigazos, tensión, cortes, enganchones, caídas... Había que tener mil ojos y el olfato bien afinado para librar todos los peligros.

La natación, como siempre en Doñana. Aunque la lógica diga que hay que cruzar el río de orilla a orilla, todo el mundo acaba trazando una diagonal eterna. Y es que la fuerte corriente de la desembocadura te hace partir de Sanlúcar y acabar más cerca de Huelva.

Y, finalmente, los 30 km de running. La guinda del pastel. Aquí ha estado la gran diferencia con respecto mi participación anterior. En aquella ocasión, una lesión previa me impidió entrenar la carrera, por lo que fui con malas sensaciones. Esta vez, en cambio, he ido a mi ritmo de principio a fin, regulando pero manteniendo una zancada firme a pesar de que las 'patas' estaban ya algo cascadas. A lo largo de todo el sector he ido remontando todas esas posiciones que había perdido en la transición.

En definitiva, experiencia extraordinaria con valor doble: el físico (buen entreno) y el psicológico (refuerzo positivo que genera confianza).

Quiero dar la ENHORABUENA a TODOS los participantes, del primero al último porque, como siempre digo, hay una historia de superación detrás de cada personita que se pone un dorsal. Acabar tiene un mérito enorme!!

Hago extensible la ENHORABUENA a la Organización de este Desafío Doñana, como siempre, de diez!

Agradezco muchísimo todos los ánimos recibidos de parte de todos. De veras que dan alas! Y, sobre todo y especialmente, agradezco a mi Santo padre Diego Moreno el haberme acompañado nuevamente en esta aventura. Los que practican triatlón saben bien que, además de la inestimable tranquilidad y confianza que genera la presencia física de personas allegadas, también es importante por la logística (material, bolsas de transiciones, etc etc).

Finalmente, para acabar esta crónica y aunque esto es una mera afición trivial y carente de importancia, quiero tener un recuerdo muy especial y dedicar esta medalla a alguien que nos ha dejado esta semana. Recordaré siempre la afable y cariñosa sonrisa de mi tío, Manolo Pérez Moreno, que cada vez que me veía me decía: -"Que te sigo, que veo todo lo que haces, eh!!"-.

Dios te tenga en su gloria.